Honduras a 10 años del golpe de Estado

El 28 de junio de 2009, elementos de las fuerzas armadas irrumpieron en la residencia del entonces presidente de Honduras Manuel Zelaya, lo detuvieron y contra su voluntad lo llevaron a San José, Costa Rica, donde estuvo exiliado.
Ese día, el continente americano fue sorprendido con el primer golpe de Estado del siglo XXI.

Aunque para algunos analistas las asonadas militares en América Latina eran cosa del pasado, pues hacía 15 años no se perpetraba ningún intento con éxito, este hecho en Honduras puso en jaque a la ‘democracia latinoamericana’.

Un estado de sitio, un gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti, una oligarquía eufórica, a pesar del rechazo interno y desde el exterior, evidenciaron un golpe de Estado que restauraba el viejo orden oligárquico supuestamente superado.

Semanas antes de esta fecha, Honduras vivía una crisis política: Zelaya propuso consultar a los ciudadanos por medio de votaciones que se realizarían ese mismo domingo 28 para saber si aceptaban colocar una cuarta urna en las elecciones generales de noviembre del mismo año.

El Ejecutivo procuraba conocer si los hondureños estaban de acuerdo que se eligiera una Asamblea Constituyente que permitiera cambiar la Constitución.

Según analistas, la oligarquía quería mantener intacta la Constitución instaurada por la última dictadura militar que otorga gran número de privilegios a los más poderosos del país, incluyendo a las fuerzas armadas.

La Corte Suprema de Justicia declaró que la acción de consulta era ilegal, y habilitó al Ministerio Público y al Tribunal Supremo Electoral para secuestrar el material que serviría para realizar la votación.

Pero otras causas se sumaron al cuartelazo: las relaciones con Venezuela, la entrada a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), al mecanismo PetroCaribe, así como el interés de Estados Unidos por mantener el dominio en su traspatio.

En un artículo publicado en el Washington Post, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton utilizó una reseña del último libro de Henry Kissinger, ‘Orden Mundial’, para dar a conocer su visión de ‘mantener el liderazgo de Estados Unidos en el mundo’.

Clinton admitió que utilizó el poder de su oficina para asegurarse de que Zelaya no volviera a la Presidencia.

‘En los días siguientes (después del golpe) hablé con mis homólogos de todo el hemisferio, incluida la secretaria (Patricia Espinosa) en México’, escribió Clinton.

‘Nosotros establecimos las estrategias de un plan para restaurar el orden en Honduras y garantizar que elecciones libres y limpias se celebren rápidamente y de manera legítima, lo que haría que la cuestión de Zelaya sea irrelevante’ añadió.

DESPUÉS DEL GOLPE

El presidente Zelaya aplicó medidas para atender las demandas de movimientos sociales y organizaciones populares y que fueron también promesas de su campaña electoral.

Entre ellas incrementó el salario mínimo, inició una reforma agraria para otorgar títulos de propiedad de tierras ociosas de terratenientes y grandes empresas a miles de campesinos, y se firmaron acuerdos con el ALBA.

Estos últimos incluyeron programas de alfabetización y asistencia médica gratuita, una línea de crédito a pequeños productores rurales y planes de vivienda.

Su gobierno modificó la compra de combustibles a través de un acuerdo con Petrocaribe a precios muy accesibles, en perjuicio de las transnacionales como Shell, Exxon o Texaco.

Tras el golpe, comenzó una ola de represión contra el pueblo hondureño movilizado en contra de esa acción, siguió inestabilidad económica, aumento de la pobreza, de la violencia, los asesinatos selectivos, la represión militar y policial y la emigración.

Micheletti demandó al gobierno de Caracas ante la ONU y el 23 de julio expulsó a diplomáticos venezolanos de Honduras, como parte de las primeras medidas tomadas de su gobierno de facto.

Más tarde, la cuestionada administración de Porfirio Lobo (2010-2014) retiró a Honduras del ALBA.

El 8 de mayo de 2011, Mel (como también se le conoce a Zelaya) regresó del exilio en Republicana Dominicana y de forma inmediata continuó en la política.

AGUDIZACIÓN DE LA CRISIS

En el contexto de los 10 años del golpe contra Zelaya, Honduras vive una crisis política y social que parece aumentar.

El pueblo pide la renuncia del presidente, Juan Orlando Hernández, cuyo primer periodo de mandato por el Partido Nacional comenzó el 27 de enero de 2014.

Luego se reeligió en 2016, gracias a polémicos cambios realizados durante su gobierno a la Constitución para legalizar la figura de la reelección presidencial.

Salpicado por escándalos de uso indebido de fondos, vínculos con el narcotráfico, acusado de fraude electoral, calificado de dictador y aliado del gobierno de Estados Unidos, el gobernante pierde credibilidad.

Un documento liberado por la Fiscalía de Estados Unidos en el Caso Tony (hermano de Hernández), revela que desde 2013 se investiga al mandatario por participar en tráfico de drogas y lavado de dinero.

‘Fuera JOH’ es el grito permanente del pueblo hondureño y del partido opositor Libertad y Refundación (Libre) cuyo coordinador general es Manuel Zelaya.

De acuerdo con el abogado hondureño Ricardo Soto, con el golpe contra el presidente Zelaya comenzó en el país centroamericano una época de crimen y dictadura, la Constitución murió, el estado de derecho desapareció y la democracia se apagó.

Libre asegura que no descansará en su lucha hasta que Hernández renuncie para entonces refundar la patria.

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