Revolucionarios del mundo contra el coronavirus, el imperialismo y el capitalismo

Ese es el título de una sentida declaración de organizaciones  de vanguardia proletaria cuya síntesis está enmarcada en las siguientes exigencias:

¡Que la crisis la paguen los banqueros y los monopolios! ¡Basta de desempleo y hambre!

¡Nacionalización de los recursos más importantes de cada país!

¡Triplicar el presupuesto de Salud y aumentar salarios a todos los trabajadores de la Salud! ¡Fortalecer el sistema de salud pública! ¡La salud no es un negocio!

¡Creación de laboratorios estatales en base en las universidades públicas!¡Nacionalización de los laboratorios multinacionales y de monopolios locales!

¡Basta de bloqueo yanqui contra Cuba y agresiones contra Venezuela y Nicaragua!

¡Solidaridad con el pueblo boliviano afectado por la dictadura de Añez!

¡Apoyo a la rebelión popular en Chile contra Piñera!

¡No a la xenofobia, los muros y el fascismo de Trump, Johnson y Bolsonaro!

¡Libertad a los presos políticos populares, incluido Assange!

¡Auditoría y suspensión de pagos de la deuda externa de nuestros países! No al FMI.

¡Fuera las bases militares yanquis e inglesas de América Latina y del mundo!

¡No a la OTAN, la UE y el Euro!

¡Devolución a Argentina de las Malvinas y Guantánamo a Cuba! ¡Puerto Rico libre!

¡Patria es Humanidad! ¡Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan!

El llamado es suscrito por :Partido de la Liberación (PL) de Argentina; Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) PC(AP); Coordinadora Simón Bolívar de Venezuela; Polo de Renacimiento Comunista en Francia (PRCF); Partido Comunista de Gran Bretaña Marxista Leninista (CPGBML); Euskal Komunisten Batasuna (Unión de Comunistas Vascos);Partido Comunista de Suiza y Partido Comunista de los Pueblos de España.

El texto lo reproducimos a continuación:

Los partidos, movimientos y organizaciones abajo firmantes nos dirigimos a nuestros trabajadores y pueblos a propósito de la pandemia de coronavirus. Hacemos un llamado solidario a combatirla, pero también denunciamos a fondo el sistema social injusto capitalista e imperialista que permitió su aparición y expansión.

1) No se debe subestimar el drama humanitario global que significa la pandemia de COVID-19. Hasta el 28 de marzo había contagiado a 650.079 personas y matado a 30.313, en 188 países y territorios del mundo. Todas las medidas sanitarias que se tomen para luchar contra el virus son bienvenidas, incluyendo las cuarentenas y prevención, que requieren de sacrificios y disciplina como lo evidenció China en lucha contra la epidemia.

2) No se conoce a ciencia cierta el origen del virus, sí que sus primeros brotes aparecieron a fines del año pasado en Wuhan, Hubei. Pudo ser de origen animal traspasado al hombre o bien resultado de laboratorios, en cuyo caso muchas sospechas recaen en el imperialismo yanqui. Esta última es una hipótesis que tiene bases, pero sería una irresponsabilidad acusar sin pruebas científicas: confiamos en que la República Popular China vaya a fondo con sus averiguaciones.

3) Desatada la epidemia y convertida en pandemia, la práctica demuestra que los países con gobiernos socialistas como China, República Democrática Popular de Corea y Cuba, han sido los más exitosos contra el virus. Cuentan con gobiernos de fuerte respaldo popular, con direcciones políticas de sus partidos comunistas, planificación económica estatal, renglones importantes de la economía y las ciencias en manos del Estado, un sistema de salud gratuito para toda la población, Fuerzas Armadas que en vez de reprimir a sus pueblos destinan sus recursos, médicos, hospitales, laboratorios, aviones, etc, al servicio de su pueblo, etc. Y sobre todo, último pero no menos importante, sin ser sociedades perfectas, son inmensamente superiores al capitalismo en su cultura e ideología política. Ponen lo colectivo por encima de lo individual, la salud por encima del lucro, rechazan la lógica capitalista individual del “sálvese quien pueda” que en la práctica es la salvación de los ricos y multimillonarios. La mayor demostración de esa falsa conciencia es ver a parte de la población norteamericana acudiendo a las tiendas a comprar…¡armas!

También lo hemos podido ver con las prácticas de acaparamiento de productos, alimentos y elementos de protección sanitaria, llegando a la especulación en los precios. Asimismo, en las actuaciones de brutalidad policial injustificadas y el señalamiento como si fuera un criminal de quien debe romper el confinamiento por fuerza mayor, crean el caldo de cultivo idóneo para la extensión del fascismo y la reacción.

4) Hace años que los gobiernos socialistas vienen siendo vanguardia en salud pública, por ejemplo Cuba con Operación Milagro y sus millones de operaciones gratuitas de la vista de cataratas en el mundo, sus misiones humanitarias, etc. En cambio en los países capitalistas, en la mayoría de ellos, la medicina es un comercio lucrativo, con clínicas, obras sociales privadas y laboratorios multinacionales que ganan fortunas con remedios y vacunas que sólo una parte puede pagar, etc.

En los últimos años, en Argentina y Chile, por dar ejemplos latinoamericanos, y en Italia y España, de Europa, los gobiernos neoliberales y conservadores fueron ejecutando un plan de achicamiento de las partidas de Salud, desmantelando hospitales, bajando los sueldos del personal y empeorando sus condiciones de trabajo. Esas políticas específicas, más las políticas económicas y sociales en la misma dirección favorable a los monopolios, favorecieron las condiciones de aparición y propagación de la pandemia.

Si algo ha puesto de manifiesto en Europa esta crisis, es la absoluta inutilidad de la Unión Europea para responder a las necesidades de su ciudadanía, más allá de garantizar los intereses del gran capital monopolista y la supervivencia de sus multinacionales a costa de la clase obrera y demás clases populares.

5) Otro aspecto destacable de esta crisis sanitaria es que los países socialistas son generosos e internacionalistas. Vienen ayudando con información, equipos, insumos y médicos a diversos países. China lo hizo con Italia, Irán, Serbia y decenas de países, incluida Argentina. Cuba también: sus primeros 45 médicos arribaron a Italia, el foco más peligroso y mortal del Europa. Sus facultativos ya lo habían hecho con catástrofes en Haití y el Ébola en África. Están guiados por el legado de Fidel Castro y su héroe nacional José Martí, en el sentido de que “Patria es humanidad”. No hay nada más ridículo en tiempos como éste que el nacionalismo estrecho, una versión más del capitalismo. Cuando se logre la vacuna ésta debe ser gratuita y para todo el mundo.

En el podio de esas conductas inhumanas está, como siempre el imperialismo yanqui, con Donald Trump, acusando a China y negando a su propio pueblo las soluciones sanitarias que demanda la crisis. Habrá “Medicare para todos o coronavirus para todos”, le reprochan sus adversarios políticos.

El capitalismo, tanto en España como en Italia, a pesar de ser potencias imperialistas de segundo orden, no ha sido capaz de dotar a sus trabajadores sanitarios de todo el material necesario. Entre otras cosas, porque dichos países carecen de una industria nacional que se ocupe de fabricarlo.

6) Esto ha dejado de ser una grave crisis sanitaria. Es al mismo tiempo un principio de una durísima crisis económica mundial, que no empezó ahora pero está agravándose día a día. Lo de menos es que caen las bolsas y las acciones de empresas. Lo duro es que se paran las economías, disminuye el comercio mundial, cae el precio del crudo con disputas en la OPEP, etc, lo que permite presumir que las grandes potencias, con Washington a la cabeza, querrán descargar esa crisis sobre las espaldas de sus trabajadores y sectores populares internos, pero también y sobre todo contra los pueblos del Tercer Mundo, de África, Asia y América Latina. Es la lógica del imperialismo.

Toda crisis supone peligro, pero también oportunidad. Por eso los partidos, movimientos y organizaciones firmantes reafirmamos que se debe luchar por soluciones antiimperialistas y anticapitalistas a la crisis, para que la paguen los banqueros, los accionistas de Wall Street y organismos financieros internacionales como el FMI y Banco Mundial, el gran capital monopolista, los especuladores de bolsa y demás saqueadores y parásitos.

La crisis no deben pagarla los trabajadores, campesinos, intelectuales, estudiantes, pueblos originarios, movimientos de derechos humanos y feministas, capas medias, cooperativas y pequeñas y medianas empresas nacionales. Todos estos sectores sociales y políticos deben unirse en sus respectivos países, con programas y objetivos por ellos debatidos y acordados, con soluciones específicas y concretas , sin dogmatismos, para pelear por una salida obrera, popular, nacional e internacional a esta crisis, lo que demanda esa coordinación internacionalista.

 

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