FUNDACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE CHILE Y EL OTRO 4 DE JUNIO EN LA CORUÑA

Chile , 4 de junio- Por Hugo Gutiérrez Gálvez y Rubén Jerez Atenas.

No es posible referirse al Partido Comunista de Chile sin recordar la figura señera de Luis Emilio Recabarren.  Siendo  niño y autodidacta, ingresó a una imprenta en Valparaíso a trabajar a los 11 años, como aprendiz de encuadernación. En esa condición obrera entendió que los cambios para un mundo más justo se inician en la conciencia de los hombres. En ese sentido, la solidaridad parió a las mancomunales y la imprenta anticipó al partido.

En 1903, Luis Emilio llegó a la Macomunal de Tocopilla para fundar el periódico “El Trabajo”, cuyo primer número se difundió el 18 de octubre de ese año.

La Mancomunal era la organización que se dieron los trabajadores abusados por el Estado y la Oligarquía, para llevar asistencia social a sus afiliados, crear escuelas, filarmónicas, fomentar el arte y la cultura, alejando a sus asociados del vicio y la ignorancia.

Nuestra viculación con  Ecuador. Hacia fines de 1911, tomando deudas, Luis Emilio logró hacerse de una imprenta que instaló en la ciudad de Iquique, en Barros Arana 9 esquina Sotomayor, casona facilitada por un comerciante ecuatoriano, David Barnes.Valoramos a este noble ecuatoriano que, sin medir consecuencias,  puso su persona y patrimonio a disposición de la causa de los obreros, considerada un crimen por los poderosos.

El 16 de enero de 1912, y dentro de esos muros, apareció en Periódico “ El Despertar de los Trabajadores”. El  21 de mayo de ese año, Luis Emilio, escribió en ese medio el artículo “Vamos al Socialismo” , en donde expuso la necesidad de abandonar el Partido Demócrata y pasar a la construcción de una nueva organización con sentido de clase.

En los preparativos, en mayo de 1912, sugirió, en el periódico recién fundado,  el nombre de Partido Obrero Socialista (POS)  indicando que: “En este nuevo partido entrarán todos los que amen la doctrina socialista. No serán admitidos los viciosos y gente de conducta condenable”. No solo era una iniciativa política sino de carácter moral.

El 4 de junio,  27 corazones libres  y “ otros amigos “, se reunieron en la casona del periódico, entre ellos David Barnes, la compañera de Recabarren, Teresa Flores, y se dio vida al Partido Obrero Socialista, como reza su acta constitutiva publicada el 6 de junio de 1912, por “El Despertar de los Trabajadores”. La nómina es la siguiente: Luis Emilio Recabarren, Presidente; Enrique Salas, Vicepresidente; Néstor Recabarren, Secretario; Ruperto Gil, Secretario; David Barnes (ciudadano ecuatoriano), Tesorero; Nicolás Bretón (ciudadano español), delegado; Teresa Flores, la única mujer participante en la fundación; Vicente Olivos, José Francisco García, Luis Figueroa, Ladislao Córdova, Juan Álvarez, Elías Lafertte, José del Carmen Aliaga, Carlos Alberto Martínez, Salvador Barra Woll, Miguel Carrasco, L. Zabala, J., Faúndez, E. Jorquera, L. Vargas, E. Díaz, D.M. Agüero, R. Olivares, E. Corbetto, Véliz y A. López.

De Iquique a Rancagua y de Cartagena a Santiago: la fecha de fundación del Partido

Desde 1912 hasta 1956, se entendió que la fundación del Partido Comunista de Chile correspondía al 4 de junio de 1912, en la ciudad de Iquique. Sin embargo, en abril de 1956, el XIV Congreso Nacional del Partido efectuado en Cartagena, determinó que la fecha debía cambiarse al 2 de enero de 1922,  cuando culminó el IV Congreso Nacional  en la ciudad de Rancagua, que acordó la adhesión a la III Internacional.

Se dijo, para tal modificación, que no era presentable que apareciera el Partido Comunista de Chile, como fundado antes de la revolución de octubre de 1917,  modestia impropia, a nuestro juicio,  que llevaba a objetar que fuera considerado como uno de los primeros partidos comunistas del mundo.

En 1990, se hizo claridad al recuperar el 4 de junio de 1912, para la fundación del Partido, como resolvió la Conferencia Nacional, realizada en Santiago, entre el 28 de mayo y el 2 de junio.

EL OTRO 4 DE JUNIO EN LA CORUÑA

En enero de 1919 fueron asaltadas las imprentas de los periódicos “El Despertar de los Trabajadores en Iquique” y “El Surco” (anarquista)  bajo el argumento de ser “publicaciones antipatrióticas”[1]. En el caso de “El Surco”, el resultado del asalto y allanamiento fue la detención de su equipo editorial y el requisamiento de la imprenta hasta agosto de ese año. Respecto de la imprenta del “Despertar de los Trabajadores”, desde el mismo diario se aseguró que la turba fue dirigida por oficiales del ejército, quienes destruyeron con martillos y combos el mobiliario y las máquinas de la imprenta, amarraron a las mujeres y golpearon a los militantes  del POS que estaban en el lugar[2].

En ese contexto llegamos al 2 de junio de 1925,  cuando fueron clausuradas las imprentas de “El Despertar de los Trabajadores” en Iquique y de “El Comunista” en Antofagasta. Según información oficial, el motivo de la clausura era que estos medios realizaban “constante incitación a la huelga y a la subversión” y “en sus columnas se insultaba a las autoridades constituidas en dignidad y se aconsejaba a los obreros a faltar el respeto.”[3] Frente a la aguda explotación de los trabajadores pampinos, los periódicos obreros respaldaron la huelga de las salitreras convocada por la FOCH – Federación Obrera de Chile[4]para el día 4 de junio, destinada a recuperar las riquezas nacionales en manos de especuladores locales y extranjeros, exigiendo la estatización de la industria salitrera.

Las fuerzas policiales, irrumpieron en el local de la FOCH en Alto de San Antonio.

Llamada antes  “Cataluña” y “Galicia”, la oficina (mina de salitre) de La Coruña estaba localizada en el llamado Cantón Alto San Antonio de la pampa del Tamarugal, en Tarapacá.

Como ocurrió en la Escuela Santa María de Iquique en 1907 o en las oficinas de Marusia en marzo de 1925,  llegó el ejército y la armada chilena a cargo de genocidas con charreteras prusianas, emuladores de asesinos como Silva Renard y Pedro Schultz.

Frente a la huelga de la Coruña, liderada por el anarquista  Carlos Garrido, el intendente de Tarapacá , el ex marino Recaredo Amengual, fiel a las lealtades plutocráticas de la Armada de Chile, desde donde provenía, comunicó histérico al ministro de Guerra, coronel Carlos Ibáñez del Campo, que en la pampa “había estallado la revolución soviética”[5] .

Se dispuso la subida inmediata de las tropas de una compañía de infantería del regimiento Carampangue, un escuadrón de caballería del regimiento Granaderos y algunos marinos.[6]

La muerte se hizo de la guadaña. El ejército y la armada masacraron entre 2000 a 3000 personas entre hombres, mujeres y niños[7]. El ataque de la artillería y piezas de ametralladora, por la mañana del 5 de junio, anticipó la arremetida de la infantería y caballería en la matanza final en La Coruña. A las víctimas se les diezmó con granadas de artillería disparadas a menos de trescientos metros y, pese a las banderas de rendición, no se tomaron prisioneros”[8] .Ocupada la oficina salitrera, se encarceló y torturó en los corrales del camal (matadero) a los obreros que no alcanzaron a huir durante la refriega. Los criminales a cargo de la infame faena, además de Amengual, fueron el teniente coronel Acacio Rodríguez y el jefe de plaza, el general Florentino de la Guarda[9].

Recaredo Amengual Novajas, por tales ignominiosos servicios, estando en retiro de la Armada, fue ascendido por gracia a Contraalmirante.

A Florentino de la Guarda, el presidente Alessandri le dijo: “Agradezco a US., jefes, oficiales, suboficiales y tropas de su mando los dolorosos esfuerzos y sacrificios patrióticamente gastados para restaurar el orden público y defender la propiedad y la vida injustamente atacadas por instigaciones de espíritus extraviados o perversos” (El Mercurio; 9-6-1925). El Ministro de Guerra Carlos Ibáñez le escribió “felicitando a US. y a sus tropas por el éxito de las medidas y rápido establecimiento orden público. Lamento la desgracia de tanto ciudadano, sin duda, gran parte inocentes. Espero continúe su obra, aplicando castigo máximo a cabecillas y aproveche ley marcial para sanear provincia de vicios, alcoholismo y juego principalmente” (El Mercurio; 8-6-1925).

El grito de justicia social, ahogado con sangre inocente, fue una vez más atribuido al comunismo.

La oligarquía por medio de su pasquín oficial, “El Mercurio”, afirmó:

“…producto de la necia agitación comunista provocada en esa región hace pocos días”; y agregó incluso que “recién terminada la estéril y dolorosa jornada (…) un numeroso grupo de obreros se acercó al general don Florentino de la Guarda (…) posiblemente muchos de ellos compañeros de los mismos que cayeron bajo las balas de los que defendían la propiedad y el orden” y “le agradecieron (sic) al general De la Guarda su actuación en la jornada” (10-6-1925).

La Revista Católica (ultraconservadora) consideraba como el origen último de la masacre “la criminal propaganda comunista, que agentes rusos y peruanos hacían entre el elemento obrero de las salitreras de Pisagua”; y que “como en Chile no hay ningún pretexto, como hay en otras partes, para levantar bandera contra la propiedad y el capital, pues hay abundancia de trabajo bien retribuido, y todos gozamos de amplias libertades, los agitadores son doblemente criminales” (20-6-1925).

Si bien es cierto que la masacre de La Coruña resuena entre el 3 y 5 de junio de 1925, hemos decidido recordarla este jueves 4 de junio en atención al llamado a huelga formulado por la FOCH efectuado en 1925,  que respaldó una reivindicación de toda la clase trabajadora chilena que, a pesar de los intentos de amnesia que intenta el poder, se mantiene presente en nuestra historia colectiva.

Notas:

[1] Las mordazas a la prensa obrera. Los mecanismos de la censura política en chile, 1919-1925. Karen Donoso Fritz.

[2] Sesión 61a extraordinaria, 3 de febrero 1919, en Cámara de Senadores, Boletín de Sesiones Extraordinarias, 1918-1919, Imprenta Nacional, 1919, p. 1477.

Archivo Nacional de la Administración, Fondo Ministerio del Interior. Vol. 5074 Antecedentes oficios enviados. Iquique, 28 de enero de 1919.

[3] Archivo Regional de Tarapacá, Fondo Intendencia de Tarapacá, Vol. 1328 Confidenciales 1924-1925.

[4]Defender la vida, la salud y los intereses morales y materiales de toda la clase trabajadora de ambos sexos.”

“Defender a los trabajadores de ambos sexos de la explotación patronal y comercial, de los abusos de jefes y autoridades y de toda forma de explotación y opresión…”

“Abolido el sistema capitalista, será reemplazado por la Federación Obrera, que se hará cargo de la administración de la producción industrial y de sus consecuencias…”

“Por lo tanto, la Federación Obrera de Chile, levanta su bandera, inspirada en estas dos profundas sanciones internacionales: la unión hace la fuerza, y la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de los trabajadores mismos.”

Declaración de Principios de la FOCH (1921) (citado por Ortiz Letelier (2002) pag, 187)

[5] Ljubetic Vargas, Iván (2008). Trazos de la historia de Chile, los mitos y la realidad (PDF). Santiago, Chile.

[6] Peri Fagerstrom, René (1982). Apuntes y transcripciones para una historia de la función policial en Chile: 1900-1927. Santiago: Carabineros de Chile, pp. 339

[7] Julio César Jobet sostiene que “los que estuvieron en aquella zona y conocieron las peripecias de este drama, afirman que fueron masacrados 1.900 obreros; pero otros testigos oculares estiman en más de 3.000 el número de víctimas” (Ensayo crítico del desarrollo económico-social de Chile, Edit. Universitaria, 1955; p. 172).

[8] Carlos Charlín, Del avión rojo a la República Socialista, Quimantú, 1972. Pág. 118.

[9] Heredia, Luis (1981). El anarquismo en Chile. 1897-1931 (1.ª edición). México: Ediciones Antorcha.

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